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SANAR POR DENTRO

Retomemos la historia donde la dejé: acabado el ayuno, pleno de fuerza y energía, y con la mente más serena y clara que nunca. Es el momento crucial, y el más importante y difícil: el post-ayuno. La necesidad de ir incluyendo poco a poco los alimentos a nuestro día a día. Es fundamental por varias razones:

-  El sistema digestivo ha estado entre algodones, liberado de su trabajo y haciéndose más pequeño en su regeneración.

-  No hemos masticado nada sólido en días, por lo que se debe comenzar por alimentos triturados – como cremas o compotas – para facilitar la digestión.

-  Cualquier alimento que suponga un esfuerzo extra en la digestión, puede suponer un problema, ya que se necesita una puesta en marcha gradual.

-  Si pasamos de 0 a 100 repentinamente, la memoria celular del cuerpo, interpretará, no que hemos estado cuidándolo, sino que hemos pasado un periodo de carencia. Entonces nos preparará para el siguiente episodio, reteniendo y almacenando todo lo que pueda en el mecanismo que denominamos efecto rebote.

-  El estado de desintoxicación que hemos conseguido va a hacer que al introducir gradualmente la comida, podamos apreciar perfectamente qué alimentos no nos sientan personalmente bien, con lo que podremos elegir dejarlos fuera de nuestra dieta.

-  Esta forma de comer, mucho más consciente y relajada, ayuda a prolongar el estado de conexión con nuestro cuerpo y abre la vía de un mejor cuidado alimenticio.

Es una etapa complicada por todo lo que supone la vuelta al mundo cotidiano: los estímulos, los hábitos, las relaciones sociales, etc. Sin embargo, el estado de consciencia adquirido durante el retiro te da el ánimo, la fuerza y la serenidad como para superarlo con creces. A la vez, alcanzar esa superación, te empodera enormemente en tu vida.

El grado de consciencia al que me refiero, no se consigue a través del ayuno. Como bien digo, la energía del sistema digestivo a tu disposición, es una herramienta, potente y determinada, que te ayuda a hacerlo posible. No obstante, es el trabajo personal y grupal de las actividades que se realizan durante el retiro, lo que te abre el corazón, sosiega tu mente y abre tu espíritu.

Un día común de retiro comienza media hora antes de la salida del sol, donde se realiza una Sadhana Kundalini para prepararnos para recibir el amanecer con una meditación al sol: el Sungazing. Mirar directamente al sol es una práctica segura siempre que se haga en la franja de la primera o última hora, después de la salida o antes de la puesta del sol. Es el momento en que los rayos solares tienen mucha menos fuerza, y os aseguro que resulta totalmente inspirador. Recibir meditando el calor, la luz y el amor de nuestra fuente de vida, te activa e ilumina de pies a cabeza, y sientes esa luminosidad y esa vibración dentro de ti.

Después se vuelve a la sala para acabar la Sadhana con alguna técnica Pranayama – activación de la energía a través de la respiración – o cantando algún mantra de conexión energética.

Con todo el subidón vital desbordando el cuerpo, toca el paseo mindfulnes en la naturaleza. Una marcha en silencio dejando pasar tus pensamientos y en plena conexión con el entorno, con la Vida. Oportunidad para sentir los cuatro elementos:

-      Aire: con el viento y, a veces, el frío acariciándote la piel.

-      Fuego: a través del calor de los compañeros y de los animales que sientes a tu alrededor.

-      Agua: con el fluir de algún arroyo o la humedad de los espacios sombríos.

-      Tierra: superficie sobre nuestros pies, de donde brota todo a nuestro alrededor.

Una meditación grupal a mitad de camino, ha hecho surgir cada día momentos de comunión indescriptibles.

La mañana termina siempre con la clase de Yoga posterior al primer momento de zumo del día. Más allá de la actividad física en sí, sea cual sea el tipo de Yoga realizado, la práctica supone un estado de compasión hacia uno mismo. No se trata de realizar diferentes posturas, sino reconocer los propios límites, aceptarlos, y  entregarnos a nuestra respiración manteniendo la serenidad. El estado al que te lleva esta dinámica es admirable: la sorpresa del logro, la sensación de ligereza, el bienestar cuerpo-mente; todo esto consigue hacerte tomar el control de ti mismo.

Acabada la clase de Yoga, al mediodía, es tiempo del segundo espacio de zumo – para el que lo tenga, claro –, y con la tarde, dos talleres diferentes cada jornada, espaciados con el tercer momento de zumo. La biodanza, la nutrición, la bioenergética, las meditaciones activas, la danza sufí, etc., han sido grandes oportunidades para seguir elevando el estado de consciencia.

A eso de las 20:30 y para ir acabando el día, cena en reunión tomando nuestro caldo depurativo hecho a partir de hierbas y especias. Se va acercando el descanso, pero para los más valientes – siempre optativo como todas las actividades –, se proyecta una película o documental consciente. Me han resultado muy interesantes, pero sin duda, tendré que verlos de nuevo, porque los días son tan intensos, que se hace complicado prestarles la atención debida. Lo cierto es que se hace complicado no preferir la cama y la quietud del silencio.

Espero haber logrado mi objetivo de acercaros a la experiencia que he disfrutado, o por lo menos, haberme quedado cerca de conseguirlo. Dejamos aquí la historia. Próxima parada:

LA INDIA

 

NAMASTE

David Carnicero 

14 de diciembre de 2018
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