DIARIO DE UN DESCUBRIDOR II

DIA 5: MÍSTICA VIBRACIONAL

Van pasando los días en Tiru, y empieza a haber muy pocos detalles que me sorprendan ya. Me siento adaptado a casi todo alrededor. Esta mañana pensaba en que mi familia es de las pocas cosas que me impulsan a volver. Les echo de menos, y me encantaría que estuvieran aquí y que vivieran esta maravillosa experiencia conmigo. Entiendo que no me queda mucho para volver a estar con ellos, y sí para repetir este viaje. Y entonces, me regalo un momento más de respirar la mística de Arunachala, dejándome invadir por ella.

He meditado con mantras, he cantado mantras, incluso, he sentido mantras. Pero esta noche, he vivido mi primer kirtan – especie de concierto minimalista de música en directo, donde se cantan mantras melódicos – y puedo decir que tendré la inmensa fortuna de experimentar de nuevo esta vibrante sensación, cada noche en el festival a partir del lunes. ¡Qué increíble sensación! Oleg y Sheppard comienzan sus acordes a la guitarra y el citar; Mina empieza a cantar y la vibración nos va cubriendo a todos. André a la percusión, va marcando el ritmo, y mientras – poco a poco – el grupo se une a cantar, se siente una única vibración con todos los corazones al unísono. Entonces, la fusión entre músicos, participantes y la energía de la montaña que se adivina al fondo, se materializa, y la música y la vibración fluyen sin pausa.

En un momento, miro alrededor y veo casi exclusivamente a personas occidentales. Todos prestando su energía, su corazón y su ser al entorno que nos acoge. Me siento protegido y cuidado, y me pregunto si los habitantes autóctonos, son conscientes de lo que significa su país para nosotros, buscadores del conocimiento místico oriental.

 

DIA 6: ENERGÍA Y VIBRACIÓN

Hoy, me vais a perdonar, pero el contenido de mi día es monográfico. He vivido una fantástica y extraordinaria clase de Kundalini Yoga, de la mano de Mina Petersson. Estaba enamorado de este tipo de yoga, pero desde esta tarde, el amor es incondicional. Durante tres horas, he experimentado un cóctel de sensaciones que han acabado por dejarme en la más plena y serena felicidad. La noche nos ha absorbido llenos de energía, emoción, música y agradecimiento.

Comenzamos la Sadhana característica – que cada vez se me hace más liviana – para calentar motores por la que se nos viene encima. Después de las otras tres horas de yoga que hemos hecho esta mañana, Mina me dice antes de clase, que esta tarde, en función de quién se una a la práctica, “seguramente sea algo sencillito”. Estoy pensando en ello cuando va a comenzar la explicación del primer pranayama – ejercicio energético utilizando la respiración –, y al mirarle a los ojos, su sonrisa desvela la pícara intención de girar la rosca una vueltita.

Y así es, ¡qué potencia y qué intensidad! Es la primera vez que siento de verdad, lo dura físicamente, y lo explosiva energéticamente, que puede resultar una clase de Kundalini. Por momentos, mi cuerpo tiembla sin control. Es una vibración tan grande que en un primer momento me da pudor, pero que casi inmediatamente, me entrego a ella y la disfruto sin prejuicios. Mina me explica, dándome la enhorabuena, que se debe a la transformación del sistema nervioso, y que es natural – a ella también le pasó al principio –, y eso me da seguridad y confianza. La verdad es que es una sensación descontrolada, pero agradable a la vez.

En la última parte de la clase, aparece la música y la voz dulce y sosegada de nuestro “ángel” con su armónico – instrumento similar a un órgano mezclado con un acordeón –. Cómo en el kirtan de ayer, comienza a cantar mantras mientras nos dirige en un viaje de meditación y consciencia. Durante la savassana – posición de integración y descanso –, en la que todavía siento la vibración por todo mi cuerpo, casi apagándose, me invade una felicidad interna tan grande, que me parece estar en otra dimensión.

Cuando casi todo ha acabado, Mariamma nos regala una canción tribal tocando el ukelele, un instrumento de cuerda. La hermosa sensación de quedar atrapado, enraizado en el lugar donde estás, no me permite levantarme. Sin embargo, casi tengo las mismas ganas de permanecer inmóvil, que de abrazar y agradecerá Mina el trabajo de esta tarde.

Consecuencia: tres horas largas de práctica incomparable. No puedo ni imaginarme lo que se viene por delante a partir del lunes: el SUN SUN LOVE. Estoy impaciente.

 

DIA 7: DESPEDIDA Y RUMBO HACIA EL SOL

Último día se subida a Arunachala. Mañana nos iremos temprano y no nos dará tiempo a subir para hacer el Sungazing. Hoy subimos sólo Diego y yo, y tengo la inmensa suerte de pasar la mañana con él. Durante la meditación al sol, paso un rato desagradable: la mañana está fría y parece que a los monos también les afecta que hoy sea domingo y haya más gente en su montaña sagrada. No paran de danzar alrededor nuestro y para más colmo, el sol no ha querido saludarnos por última vez desde aquel bonito paraje, y se ha quedado escondido detrás de la neblina. Sin embargo, la siempre mágica Arunachala me guardaba un regalo de despedida en la cueva de Virupaksha – donde Ramana Maharshi pasó 17 años de meditación –. Sólo la entrada ya impresiona, y la meditación dentro es como sentir el abrazo del propio maestro. El lugar es pequeño, pero lo suficientemente espacioso para que me encontrara tremendamente cómodo. Ni siquiera tengo la noción del tiempo que hemos pasado dentro. Me he sentido en un estado de semi-consciencia en el que a ratos, notaba que estaba sin estar. ¡Qué hermosa meditación y lo fácil que me ha resultado!

Al bajar, cogemos un tuc-tuc que nos lleva a casa y durante el desayuno en Rangoli, le cuento a Diego mi experiencia de ayer tarde en la sesión de Kundalini. Me empieza a explicar en profundidad sobre este apasionante estilo de Yoga. Es, sin duda, un sabio tremendamente inspirador, y hablamos sobre dos de sus referentes como Osho y Mooji. El aprendizaje que me llevo a la habitación del hotel es el de “sé quién eres; deja de buscar el camino, la verdad está en ti”.

En el escritorio de mi habitación con la música de mantras de fondo, no paro de escribir hojas en mis “cuadernos de inspiración”. Prueba de que la escritura consciente es una forma de meditación, es que vuelvo a perder la noción del tiempo. Miro el reloj del móvil y son las 17:15 y no he comido. Así que, voy a buscar algún sitio donde me den de cenar pronto porque aprieta el hambre.

Hasta las 18:30 no he podido cenar. Me apetecía estar solo así que me he estado dando una vuelta por la ciudad haciendo tiempo. Es increíble como todo lo que normalmente hacemos por rutina, puede convertirse en algo maravilloso cuando le prestas atención consciente. El mismo camino de todos los días, pero miles de detalles diferentes. Incluso me he quedado embobado por lo menos 20’ viendo a un grupo de niños jugando cricket en la calle. He disfrutado mucho de la cena – la comida hindú siempre se disfruta –, y hoy a descansar pronto, que mañana toca cambio de residencia camino al Ashram Ananta Niketan; rumbo al festival de Yoga del solsticio de invierno; rumbo al SUN SUN LOVE.

 

NAMASTE

David Carnicero

26 de diciembre de 2018
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