DIARIO DE UN DESCUBRIDOR I

Los siguientes post van a resultar un poco más largos, pero me ha parecido interesante narrar en un diario, las cosas más interesantes que me va deparando mi día a día en la India. Intento ser escueto en la narración, pero sin perder ni un ápice de la intención de transmitir sensaciones y emociones. Dividido en tres partes de 4 días cada uno, os resumiré mis vivencias con los aprendizajes más significativos de cada jornada. Espero que os sea agradable el viaje de mi mano.

 

DIA 1: ATERRIZANDO EN UN MUNDO NUEVO

Primer contacto con la India en el aeropuerto de Chennai. Pasado fácilmente el control del visado me encuentro con que no ha llegado mi maleta. Entendiéndome como puedo con los responsables de equipaje – mi inglés es malo, pero por ahora no me parece que los indús hablen perfectamente –, consigo dejar todo solucionado; llegará esta noche al destino. Han pasado casi 24 horas desde que salí del hotel en Barcelona, estoy en mi cuarto día de post-ayuno y no estoy para nada cansado. Me vienen a recoger en taxi para llevarme a Tiruvannamalai y pienso en el choque que voy a sentir durante las casi 4 horas de viaje hasta allí.

Y el choque es enorme. No hay un solo espacio de carretera desde una ciudad a otra sin alguien en los arcenes y con pobreza alrededor. Un caos donde coches, ricksaw (taxi de tres ruedas indio), motos, camiones, animales y gente, comparten asfalto moviéndose al compás de la sintonía de los claxon. Pero a pesar de lo que se pueda pensar, mi experiencia chocante ha sido para bien, impresionante de forma positiva. Sinceramente creo que hay mucha más pobreza en occidente; pobreza en sentido espiritual. Me ha resultado muy fácil darme cuenta de que la felicidad no está hacia afuera, hacia lo que tienes o consigues, sino que es un estado interior. A pesar de lo que nuestras creencias primer mundistas nos hagan creer, la gente con la que nos cruzábamos y con todas la que he tenido contacto fuera del aeropuerto, tienen la sonrisa de felicidad, de compasión, de plenitud. Y una mirada de bondad infinita que es puro aprendizaje. Y toda esa falta material de la que hacen gala, me hace plantearme dónde está la verdadera civilización y dónde caminamos sin rumbo directos hacia el sufrimiento.

El orden dinámico dentro del caos, la verdad del respeto y la entrega a los demás, el equilibrio entre límites, la reglamentación del libre albedrío, me han parecido fascinantes. Y todo ello, en un jaleo abrumante aliñado con pinceladas de paz y sosiego.

Para acabar este día, que me ha resultado interminable, he acudido con – desde mañana mis nuevos mentores – Mina y Francesc, a cenar a un restaurante pegadito al alojamiento. Me declaro fan absoluto de la comida india. En una cultura que nos empuja hacia la comida procesada, el azúcar y las harinas, me siento en la responsabilidad de hacer un alegato de sabor por la comida vegetariana. Sin duda, soy carnívoro, disfruto mucho – gastronómicamente hablando – del reino animal, pero pienso investigar sobre la inclusión de un mayor porcentaje en mi dieta, de vegetales, especias y diversidad de sabores.

 

DIA 2: CONTRASTE INCOMPARABLE

Toca madrugar. En la India es sol aparece considerablemente antes que en España. Después del largo viaje y un día intenso, el descanso me ha sentado mejor de lo esperado. He pasado una noche revuelta despertándome mucho, pero al sonar el despertador a las 06:00 am, estaba descansado e impaciente por comenzar mi primera Sadhana en la India. Yoga y Sungazing unidos en esta primera experiencia sagrada de la mano de Mina y su ángel. Bienvenido a un escalón más – parece que me dice con cada nueva asana.

¡Qué magnifico contraste!: el sonido perenne e incombustible de vehículos y claxon, con la paz y la serenidad que siento acabada la Sadhana. Conexión profunda entre mí y el magnífico país de los contrastes. Todo cabe en un equilibrio extraño: de camino a la Sadhana, una montaña de escombro al lado del camino de tierra, compartiendo espacio con una charca enorme de agua repleta de plástico y desechos, y coronada por la ostentosidad de un gran pavo real. Lástima no llevar el móvil para hacer una foto del extraño e impactante panorama, pero seguramente no será la última oportunidad de llevarme una instantánea así.

Durante el desayuno con fruta, semillas de cacao y té chai, un gran aprendizaje de la mano de Francesc, que parece un pozo inagotable de sabiduría: Integrar en mi corazón la frase que tengo grabada en mi cabeza: “Nada ha cambiado, pero cambias tú, y el mundo a tu alrededor ha cambiado”. Por fin, aprendo qué quiere decir y la hago mía. Gracias Francesc.

 

DIA 3: MAGIA SAGRADA

Ayer tuve mi primer contacto con la montaña en la sesión de Sungazing vespertina, pero ha sido hoy cuando he podido comprobar la magia de Arunachala, la montaña sagrada de Ramana Maharshi. A las 05:30, de camino a nuestro encuentro con los primeros rayos de sol, Mina me va contando cómo la montaña te magnetiza y te hace no querer parar de subir hacia ella. Me doy cuenta de ello cuando la veo en la subida, metros por delante, como levitando por encima de las piedras con los pies descalzos, mientras los míos se van acostumbrando, poco a poco, a las dificultades del camino. En verdad se siente la energía y cierto placer en la incomodidad de la pisada desnuda. A partir de ahora, yo también explicaré cómo la montaña te atrapa y sientes no querer salir de ella. ¡Y sólo acabo de presentar mis respetos! Por delante todavía varios días de meditación, un festival y una peregrinación alrededor de su magia, casi nada.

Por la tarde, al dirigirnos al Ramana Ashram para presenciar la ceremonia sagrada de la tarde, me encuentro de  nuevo con un pavo real. Esta vez sí que consigo mi foto – sin tanta representación icónica –, aunque a duras penas ya que en un momento, nos sentimos rodeados de un escenario extraño: hay varios focos de fuego quemando algo que no sabemos muy bien que es – en el ashram siempre hay olor a hoguera – y muchas fuentes de vida alrededor. Un corro de hombres toman su té guardando la puerta al recinto; dos monos pelean con un perro con ademán de algo serio; mientras, yo intento hacerle la fotografía al pavo, y a mi derecha pasa una jabalí seguida de 7 jabatos. Cuando intento sacarles la foto de vuelta ya se han metido entre la maleza. Estoy guardando el móvil en la mochila e intento comprender por qué siento que soy el único que se ha sorprendido en esa escena.

Antes del descanso, una taza de té chai para relajar en el roof de “Rangoli” – ¡qué magnífica comida! –, y a descansar impaciente por volver mañana a Arunachala y encontrarnos de nuevo con la mística sagrada y sosegada de la montaña.

 

DIA 4: EL SILENCIO INTERIOR

La noche de ayer fue extraña. Acabé de escribir, cansado, sobre las 22:15 y me metí en la cama. Hasta hoy, todos días – con algún que otro despertar característico en plena noche – había dormido y descansado bastante bien, no me había costado. Sin embargo, anoche no conciliaba el sueño. En mi mente, un montón de pensamientos e ideas súper claras y lúcidas brotaban sin tregua. Me levanté y empecé a plasmarlas sobre la libreta sin parar; no podía desaprovechar la ocasión. Cuando me di cuenta, eran las 00:45 y ni gota de sueño. Me obligué a meterme en la cama de nuevo y conectarme con la respiración para dormirme porque el horario del alba es implacable, pero ni con esas. Todavía me levanté un par de veces, de forma que cuando ha sonado el despertador a las 05:15, me parecía que apenas me había quedado traspuesto. Aun así, me he levantado con fuerzas para subir la montaña. El paseo, algo más lento y pesado que de costumbre, pero disfrutado enormemente. Sin embargo, tras el Sungazing, he decidido emprender el descenso hacia casa, solo, dejando al grupo y la meditación. Después de muchos días con energía desbordante, y pleno de claridad y consciencia, parece que mi cuerpo me está pidiendo una tregua. Quizá hoy toca descanso. Por ahora, bol de frutas, té relajante y a tumbarme en la cama.

¡Qué gran siesta y qué bien he descansado! Me he levantado justo un poco antes de que Mina pasase a avisarme para ir a comer. Le cuento lo que me pasó durante la noche y ella lo ve lógico. El té chai de anoche, a base de té negro, te despeja y activa la mente creativa. Me recomienda dejarlos para después de comer, cosa que agradezco enormemente.

Tras la comida, uno de los mayores aprendizajes de lo que llevo en Tiruvannamalai. Nos hemos desplazado unos kilómetros fuera de la ciudad, internándonos en un pequeño bosque para acudir a la tierra del Gurú Ananta. Un espacio de ensueño donde parece que el mundo se para. Mezcla entre admiración y envidia por pasar una temporada en ese entorno. El sabio me saluda en español – entiendo que intuyendo que con el inglés todavía no me siento muy cómodo –, y tras recibirnos y dirigirnos a todos hacia el círculo, se prepara para la Satsang – en hindi, “verdad compartida en familia” – con la que va a inspirarnos. La forma en que maneja los silencios, se dirige a nosotros, y la expresión de su mirada, sin duda es fascinante. Como regalo, me deja una gigantesca enseñanza: aprender a fundirme con mi silencio interior. “Somos mucho más que un cuerpo, mucho más que una mente; y cuando, simplemente, los usamos como hermosos vehículos de vida, fluye la fusión entre nuestro espacio interno y el mundo exterior, compartiendo la misma paz, la misma energía, el mismo AMOR”. Sé que suena difícil de entender, yo lo creía así también; naturalmente: hay que vivirlo.

 

NAMASTE

David Carnicero

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